Como orador debes saber que contra el miedo escénico el mejor escudo protector es tu propio cerebro. Sólo tienes que conocer los resortes para activarlo.

Como orador debes saber que contra el miedo escénico el mejor escudo protector es tu propio cerebro. Sólo tienes que conocer los resortes para activarlo. Nuestro cerebro cuenta con un sistema fascinante para protegernos, son los cuatro químicos de la felicidad: dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas (Lemmel, 2024). La liberación de cada uno de ellos determina la forma en que afrontamos la vida.
La dopamina es la molécula de la motivación. Se activa cuando nos acercamos a una meta, nos da energía y entusiasmo para continuar.
La oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, se libera en momentos asociados a vínculos sociales y afectivos. Favorece la confianza, el apego y la sensación de seguridad.
La serotonina está muy ligada a la autoestima. Se eleva cuando sentimos reconocimiento o cuando valoramos nuestros propios logros.
Y por último, las endorfinas, que actúan como analgésicos naturales: reducen el dolor físico y emocional generando sensaciones de euforia. Se liberan con el ejercicio, la risa o la música.
En resumen, estos químicos forman un sistema de autoprotección natural: nos motivan, nos unen, nos tranquilizan y nos alivian.
Los cuatro son clave como escudo protector frente al miedo escénico, aunque por motivos de espacio sólo vamos a detenernos aquí en la importancia de las endorfinas a la hora de hablar en público.
En su libro Anatomy of an Illness, Cousins explica cómo se liberan endorfinas cuando hacemos ejercicio y cuando reímos (Cousins, 1979). Según este estudio la composición química de las endorfinas produce un efecto tranquilizante sobre el organismo y ayuda a recuperar el sistema inmunitario. Por eso hacer deporte con moderación favorece una actitud positiva y es muy aconsejable en las horas previas a hablar en público.
Pero si hay un ingrediente esencial de la actitud positiva ese es la sonrisa. Por eso una sonrisa en los labios del orador que tiembla deja de ser sólo una recomendación proveniente del refranero popular (“A mal tiempo buena cara”), para convertirse en una auténtica prescripción científica: la gente sonriente y feliz enferma menos (Deschamps, 2020).
Sonreír es útil porque libera endorfinas y mejora el estado de ánimo del orador, pero además lo es porque la sonrisa es contagiosa. La sonrisa vende, como puso de manifiesto con sus estudios Karen Machleit, profesora de Marketing en el College of Business Administration de la Universidad de Cincinnati (Machleit & Wilson, 1988).
Por tanto, y recapitulando, si quieres vencer el miedo a hablar en público y llegar a ser un orador convincente, ya sabes cómo conseguirlo: haz deporte y sonríe mucho. Activa estos resortes y tu cerebro, que cuida de ti, hará el resto y armará el escudo protector de los químicos de la felicidad.
REFERENCIAS
Cousins, N. (1979). Anatomy of an illness as perceived by the patient: Reflections on healing and regeneration. Norton.
Deschamps, A. (2020). Felicidad y salud: Evidencias científicas. Revisión bibliográfica. Revista de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, 29(4), 374–385.
Lemmel, I. C. (2024). Las hormonas de la felicidad : el poder de la serotonina, la oxitocina, la dopamina y las endorfinas para mejorar tu bienestar. Amat Editorial.
Machleit, K. A., & Wilson, R. D. (1988). Feelings and attitude toward the advertisement: The roles of brand familiarity and repetition. Journal of Advertising, 17(3), 27–35.
