
«La mayoría, confiados en su talento, hacen coincidir estos dos momentos; pero pronunciarían discursos mucho mejores si considerasen que tenían que tomarse un tiempo para pensar y otro para exponer.»
CICERÓN
(Esta entrada es un fragmento adaptado de la Introducción de mi libro «Piensa, comunica y persuade».)
Tres reglas de oro para el momento de pensar.
Con la vista puesta en el momento de tomar la palabra, te invito a tomar nota de estas tres reglas de oro que debes tener muy presentes antes de comenzar la preparación de tu próxima intervención y de las que vengan en el futuro: 1) “Párate pensar”; 2) “Piensa por ti mismo”; 3) “Piensa bien el objetivo”.
1) “Párate a pensar”.
Cicerón advierte de que nunca se debe olvidar que en oratoria hay dos momentos bien diferenciados, el momento de pensar qué se va a decir y el momento de hablar:
«La mayoría, confiados en su talento, hacen coincidir estos dos momentos, pero realmente estos mismos pronunciarían discursos mucho mejores si considerasen que tenían que tomarse un tiempo para pensar y otro para exponer»(Cicerón, 2002, p. 249).
Con las miras puestas en la preparación a fondo de cada intervención, por tanto, reserva el tiempo necesario en cuanto aparezca en tu agenda una cita para hablar en público. No es que ésta sea la mejor manera, es que es la única manera de llegar al “día D” en plena forma.
La oratoria no es magia ni resultado del despliegue espontáneo de las habilidades naturales de una persona. Es verdad que a menudo nos deslumbra y alabamos la fuerza inspiradora o la habilidad para improvisar de un orador, pero no podemos pasar por alto que el verdadero secreto de la inspiración y la improvisación no es otra cosa que una buena preparación. Lloyd George, primer ministro británico durante la Primera Guerra Mundial, coincidía en esto con Cicerón:
«Confiar en la inspiración del momento, tal es la frase fatal por la que se han arruinado muchas carreras prometedoras. El camino más seguro para llegar a la inspiración es la preparación» (Carnegie, 2008, p. 36).
2) “Piensa por ti mismo”.
«Preparar un discurso significa reunir los pensamientos propios, las ideas propias, las convicciones propias, las necesidades propias» (Carnegie, 2008, p. 41).
Lo que, dicho sea de paso, también enseñaba Quintiliano hace dos mil años en las Instituciones Oratorias:
«…si no hubiéramos de decir más de lo que otros enseñaron, con lo dicho bastaba» (Quintiliano, 1887, vol. I, p. 225).
Es decir, no se trata de repetir a otros, sino de, una vez estudiado a fondo el tema, sacar conclusiones y expresarlo de acuerdo con tu propia experiencia, con tu idiosincrasia, con las expectativas de tu público y, sobre todo, de acuerdo con el objetivo que persigues tú, aquí y ahora. De eso se ocupa precisamente el siguiente punto.
3) “Piensa bien el objetivo”.
No se trata sólo de pensar y de pensar por ti mismo, sino sobre todo de pensar con acierto el objetivo o la finalidad del discurso que proyectas. Nadie como Quintiliano, una vez más, expresó esta idea con una cita que no me canso de repetir a mis alumnos, y de repetirme a mí mismo:
«Así como son inútiles las flechas al que no tiene blanco fijo, así son superfluos los argumentos cuando no se considera de antemano para lo que sirven»(Quintiliano, 1887, Vol. I, 267).
Ahora bien, para que las flechas alcancen la diana, el discurso debe cumplir una triple finalidad: enseñar, deleitar y conmover, es decir, la famosa tríada latina docere, delectare, movere. O con estas palabras de Cicerón:
«…todo el sistema retórico se apoya en tres puntos con vistas a la persuasión: probar que es verdad lo que defendemos, conciliarnos la simpatía de nuestro auditorio y ser capaces de llevarlos a cualquier estado de ánimo que la causa pueda exigir» (Cicerón, 2002, p. 254).
Lo que resumido en una instrucción sencilla y adaptada a nuestro lenguaje vendría a ser más o menos así: demuestra lo que dices con rigor, de forma amena y empática.
📘 ¿Te ha gustado este fragmento? Este texto forma parte de la introducción de mi libro «Piensa, comunica y persuade», donde profundizo en las claves de la oratoria, la retórica clásica y la comunicación de impacto.

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