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  • La Oratoria en el espejo de la IA

    La Oratoria en el espejo de la IA

  • Oradores de la Antigüedad (I): Antifonte (480-411 a. C.)

    BIOGRAFÍA

    La noticia que nos da Plutarco de este orador no deja de ser contradictoria, pues mientras dice que abandonó la política para dedicarse a la retórica, nos informa de que fue ejecutado por su participación en el fracasado golpe de estado de los Cuatrocientos. Por tanto, o se confunden las vidas de varios Antifontes, o de lo contrario deberíamos entender irónicamente que el personaje ejerció la retórica justo en el momento en el que, como suele decirse, pasó a mejor vida.

    Si nos atenemos a lo que escribe el autor de las Vidas de los diez oradores, Antifonte de Ramnunte, hijo de Sofilo, mientras vivió en este mundo entre el 480 y el 411 a. C, después de nacer en los convulsos años de las Guerras médicas, coincidió con algunos de los más ilustres nombres de la cultura griega. Algo más joven que el sofista Gorgias, por ejemplo, nos cuenta que, abandonado el ejercicio de la política, discutía sus diferencias sobre la oratoria con el filósofo Sócrates y que fue maestro del historiador Tucídides.

    Antifonte fue el primero que ejerció el oficio de logógrafo, es decir, el de escritor de discursos por encargo; así como el primero en publicar artes retóricas en Atenas, aunque antes que él habían compuesto manuales de retórica los siracusanos Corax y Tisias. Fue sin duda un escritor prolífico, ya que además de manuales y discursos fue autor de varias tragedias y poemas.

    Por su aguda inteligencia recibió el sobrenombre de Néstor, personaje de la Ilíada de Homero que encarna el prototipo de orador persuasivo que domina el arte de la palabra.

    Sabida es la creencia griega en el poder mágico de la palabra, y en este respecto también Antifonte fue pionero a su manera. Se le atribuyó la institución de un arte contra la aflicción y la tristeza, ejerciendo como una suerte de psiquiatra en un local junto al ágora de la ciudad de Corinto, sobre cuya puerta lucía un rótulo en el que anunciaba que podía curar a los afligidos, y donde, preguntándoles por las causas de sus dolores, consolaba a los pacientes.

    Consideró sin embargo este oficio inferior a su condición y lo dejó para dedicarse sólo a la retórica. Lo que no sabemos es si este abandono de la psiquiatría coincidió exactamente con el de la política, lo que complicaría aún mucho más las cosas en torno a su biografía.

    REFLEXIONES Y CONSEJOS PRÁCTICOS A PARTIR DE LA OBRA DE ANTIFÓN

    1. Las prisas y la inexorabilidad del tiempo.

    “…haced alguna concesión también al paso del tiempo, con cuya ayuda descubren lo más recto quienes buscan la exacta certeza de los hechos” (Antifonte, Fragmentos y discursos, p. 125)

    Esta cita de Antifonte, entresacada de uno de sus discursos judiciales, nos da pie para subrayar tres consejos clave para todo aquel que quiera hacer un buen discurso o presentación:

    1. Las prisas, tampoco son buenas en oratoria, no quieras contarlo todo desde el principio.
    2. Guarda para el final el mensaje clave.
    3. Ajusta tus palabras al tiempo del que dispones.
    4. El primer objetivo de un discurso es preparar a la audiencia para que esté en condiciones de recibir y entender tu mensaje.

    Todo ello requiere tiempo. El tiempo, precisamente, en el que se despliega tu discurso. Por eso, cada segundo de tu presentación es oro.

    2. La fuerza persuasiva de lo que se ofrece a la vista.

    “Los mortales, ciertamente, creen más digno de confianza cuanto contemplan a la vista que aquello que la comprobación de la verdad conduce a lo desconocido” (Antifonte, Fragmentos y discursos, p. 161).

    El razonamiento más profundo palidece ante la fuerza persuasiva y la confianza que genera todo aquello que puede ofrecerse a la vista. Elige con cuidado y presta mucha atención en tu discurso a estas tres cosas:

    1. Evidencias tangibles.
    2. Comunicación no verbal (mirada, gestos y postura del cuerpo).
    3. Palabras, descripciones e historias evocadoras de imágenes.

    BIBLIOGRAFÍA

    Antifonte/ Andócides (1991). Fragmentos y discursos. Editorial Gredos. Madrid.

    Plutarco (2003). Vidas de los diez oradores. En Obras morales y de de costumbres (Moralia) X (pp. 417-496). Editorial Gredos. Madrid.

  • ¿Usted también tiene miedo a hablar en público? (III)

    III.

    “El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente.” (Alonso de Arcilla, Araucana, Canto VII)

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    En el Cap. VI del Quijote, aparece La Araucana de Alonso de Arcilla salvándose del fuego al que fue condenada la biblioteca del Caballero de la triste figura, por ser uno de los mejores libros que “en verso heroico, en lengua castellana están escritos”.

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    Los versos de esta obra cumbre de la poesía épica con que encabezamos la entrada nos sirven para subrayar dos ideas clave en la estrategia que, teniendo a la vista lo repasado en las dos entradas anteriores (I y II), debemos seguir para que el miedo deje ser un obstáculo a la hora de hablar en público:

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    Alonso de Ercilla
    1. Que el miedo no es un enemigo misterioso que arruina sin más a quien lo padece, sino que, por el contrario, “es natural en el prudente” y, por tanto, hay que aprender a reconocerlo y a escucharlo.
    2. Que alzarse con la victoria sobre aquellos efectos perniciosos que señalaba Don Quijote (“turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son”), es decir,  ser valiente, exige un tipo de conocimiento apropiado: “saberlo vencer es ser valiente”.

    En las entradas anteriores tratamos los siguientes aspectos:

    1. En la primera (I), abordamos la naturaleza del miedo en tanto que emoción básica, su triple finalidad de adaptación al medio, adaptación a la sociedad y motivación,  y la descripción de los elementos específicos de las diversas dimensiones en que se manifiesta (fisiológicos, subjetivos, expresivos y conductuales).
    2. En la segunda (II), describimos los cinco peligros fundamentales que hay detrás del miedo concreto a hablar en público: el tema, la limitaciones de la propia habilidad para comunicar, la imagen personal, el público y el miedo mismo.

    Para concluir la serie, en esta entrada describimos algunas estrategias concretas que nos ayudaran a librarnos de este enemigo tan aparatoso. Dicha descripción la estructuramos a partir de las dos ideas claves iniciales, que volvemos a repetir:

    I. Hay que aprender a reconocer y a escuchar el miedo.

    II. Ser valiente exige un tipo de conocimiento apropiado.

    * * *

    I. Hay que aprender a reconocer y a escuchar el miedo.

    Aquí viene la primera estrategia concreta que le propongo: identificar el miedo a hablar en público en la secuencia de natural de su aparición para abordarlo diferencialmente en cada uno de sus momentos y responder adecuadamente

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    En la primera entrada del blog, como acabamos de recordar arriba, vimos cuáles eran los ingredientes del miedo en el ámbito de (1) la reacción fisiológica, (2) la experiencia subjetiva, (3) el comportamiento y, por último, (4) la expresividad facial. Estos ingredientes son, en efecto, los que nos permiten describir y tomar conciencia del episodio de miedo que eventualmente nos está acaeciendo. Todo este conocimiento nos ayuda a reconocerlo con mucha precisión y nos proporciona, por así decirlo, el qué del miedo, da respuesta a la pregunta: ¿qué es el miedo? Ahora, una vez que sabemos con cierta precisión qué es el miedo, cuáles son sus manifestaciones concretas, de lo que se trata es de saber cuándo aparece el miedo, de tal modo que podamos “acecharlo” y combatirlo diferenciadamente en cada uno de los puntos de su despliegue.

    La respuesta a la pregunta ¿cuándo se manifiesta el miedo a hablar en público? la encontramos en la descripción de lo que vamos a llamar el proceso natural del miedo a  hablar en público. Con la descripción de cada uno de los momentos de este proceso,  indicaremos cómo hay que reaccionar adecuadamente en cada ocasión.

    I.1. El proceso natural del miedo a hablar en público:

    1. La fugaz etapa de la inocencia, el antes del antes. Antes de que la idea de hablar en público haya entrado en nuestra vida y, por tanto, antes de que tomemos conciencia de que no podremos eludir hablar en público, vivimos sin preocupaciones al respecto. Pero esta etapa es fugaz y, de hecho, encontrarse leyendo este hilo significa ya que usted siente, de algún modo, la preocupación de que el miedo a hablar en público puede llegar a asaltarle en algún momento, aunque dicho temor sea aún impreciso e incierto.  No pasa nada, lo decisivo es que si está aquí es porque está dispuesto a ponerle remedio y que no se ha quedado en la preocupación sino que ha pasado de preocuparse a ocuparse. El miedo ha cumplido con su función de motivación.
    2. El momento “0”, instante en el que nos comunican que tenemos que hacer una presentación o discurso. Comienzan las mariposas en el estómago, la parálisis, la visualización angustiosa de nuestra aparición delante del público para tomar la palabra; y además, “hay tantas cosas que tengo que mirar y aprenderme aún”…  En esta fase (días, semanas, meses antes de nuestra intervención), lo importante es que mantengamos el interés por el resultado. Debemos concentrarnos en la meta y utilizar de nuevo los indicadores del miedo como resortes de motivación, como campanillas que nos llaman a ponernos manos a la obra.  La ansiedad de este momento sólo la superamos poniéndonos YA, desde el minuto 0, manos a la obra (Recoger materiales, estructurar el discurso y, SOBRE TODO, comenzar a ensayar la pronunciación desde los primeros momentos, aunque sea con versiones iniciales y provisionales, grabándonos para corregir errores). Nada de de dejarlo todo para el último día.
    3. El día D, desde la noche anterior, hasta la mañana del día del evento. Los nervios de este momento son los indicadores fisiológicos y los componentes de la vivencia subjetiva del miedo. ¿Cómo tenemos que enfrentarnos a ellos para impedir que nos hagan descarrilar? Contra lo que suele ser muy común, (a todos nos ha pasado ¡y nos sigue pasando!), cuidando el sueño y la alimentación, y siguiendo una rutina previamente establecida. Es muy importante que sintamos que todo va sucediendo según lo habíamos previsto:
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      1. Lo hemos preparado con antelación.
      2. Ensayamos el día de antes.
      3. Si estamos acostumbrados, hacemos deporte el mismo día.
      4. Comemos bien.
      5. Nos vestimos adecuadamente para ganar confianza.
      6. Antes de salir de casa, vamos al baño antes y volvemos a comprobar nuestro aspecto.
      7. Cuando estamos listos, dedicamos aún unos minutos antes de salir de casa para concentrarnos haciendo unos ejercicios de respiración profunda.
      8. Salimos y activamos el anclaje (enseguida vamos a ver que es el anclaje).
    4. Justo antes de comenzar, la fase de los minutos inmediatamente anteriores a de la intervención es la de la sequedad de boca, la presión en el estómago, el sudor, el frío, la tensión en brazos y piernas, etc. Para afrontar adecuadamente este trance conviene que reservemos diez minutos antes de entrar a la sala o aula para:
      1. Respirar profundamente,
      2. Hacer ejercicios de relajación de cuello y hombros,
      3. Dar un último repaso mental a los puntos principales
      4. Revisar que tenemos todo a punto (puntero láser, tarjetas de notas, móvil apagado, etc.)
    5. Ya en marcha. Una vez que nos hemos puesto delante del público, si hemos seguido los pasos descritos hasta aquí, la secuencia normal es la siguiente:
      1. Comienzo y primer minuto: momento álgido de la angustia. La sonrisa suele ser el mejor arma para superar ese momento. Tenemos que aprender a sonreír. En ese momento inicial es muy útil fijarse al principio en la mirada de las personas más sonrientes de la sala para ayudarnos a sonreír también y, de este modo, a lograr el bienestar que nos ayudará a arrancar buen pie.
      2. Mejora paulatina: poco a poco nos habituamos al público y al escenario y nos sentimos cómodos.
      3. Tomamos el control: Dejamos atrás cualquier sensación o pensamiento perturbador y expresamos con naturalidad nuestras ideas.

    * * *

    Llegados a este punto es cuando usted dice. “Sí, todo eso está muy bien, parece muy sencillo, muy bonito, pero yo: ¿cómo lo consigo?”. No se preocupe, le entiendo perfectamente. Por eso vamos a pasar inmediatamente a la segunda idea clave de nuestra estrategia, ¿la recuerda?

    II. Ser valiente exige un tipo de conocimiento apropiado.

    Teniendo a la vista la naturaleza del miedo en tanto que emoción básica, sus funciones (adaptación al medio, adaptación a la sociedad y motivación), las dimensiones de su manifestación (fisiológica, subjetiva, conductual y expresiva), y los peligros concretos del miedo a hablar en público (el tema, la propia incapacidad comunicativa, la imagen personal, el público y el miedo mismo), le voy a explicar aquí muy brevemente TRES TÉCNICAS, con el concurso imprescindible del ensayo y la experiencia, resultan muy útiles para vencerlo: el anclaje, la visualización, y la conservación del foco.

    II.1. EL ANCLAJE.

    El anclaje es una técnica de Programación Neurolingüística que sirve:

    1. Para superar barreras psicológicas (miedos, nervios, ansiedad…), la inmensa mayoría  involuntarias, que obstaculizan nuestras metas.
    2. Para crear estados de ánimo positivos que favorezcan el logro de dichas metas.

    Hemos oído en infinidad ocasiones que la principal herramienta para alcanzar el éxito es una actitud mental positiva. Muy bien, pero: ¿de dónde saco yo la actitud positiva si no puedo deshacerme de los pensamientos que me paralizan? El anclaje es la técnica que le ayudará a conseguirlo. El anclaje es un método muy efectivo para propiciar el estado emocional adecuado, activando los pensamientos que dan forma a eso que solemos llamar actitud positiva.

    ¿Cómo se pone en práctica el anclaje? A continuación le describo una rutina de acciones que le permitirán crear su propio anclaje, o sea, el ancla con la se sujetará fuerte al fondo de la realidad e impedirá que la tempestad fisiológico-afectiva del miedo le haga naufragar:

    1. Busque un lugar tranquilo donde nadie le moleste y pueda concentrarse bien.

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    2. Repase su biografía personal y busque un momento 10, un momento de éxito, de plenitud, en el que se sintió feliz sin ningún tipo de sombra, donde la felicidad lo llenaba todo. Seguro que ya lo tiene.

    3. Cierre los ojos y reviva la escena, recréela como si fuera un director de cine, minuciosamente, al detalle: la hora, la luz del momento, la ropa suya y la de los que le acompañaban, las palabras, las voces, la música, los sonidos, el aroma (si recuerda un perfume que todavía tiene a mano es perfecto), la música…

    4. Lo revive varias veces, se familiariza con los detalles como nunca antes lo había hecho y, cuando lo recrea, cada vez, la felicidad vuelve a llenar todos los rincones de su ánimo. Igual, o más incluso, que en el momento original. Ahora, en este paso, mientras lo revive, tiene que hacer un gesto (un cruce de dedos, por ejemplo) que va asociando poco a poco, repetición tras repetición, inexorablemente, a la emoción positiva. También puede añadir una expresión. Dígase, por ejemplo: ¡Bien!, ¡Perfecto!.

    5. Vuelve a revivirlo varias veces mientras hace el gesto y pronuncia la palabra o palabras elegidas. Lo revive minuciosamente, disfrutándolo: es SU momento 10. Recuerde que tiene que repetirlo muchas veces, varios días, para que comience el efecto.

    6. Cuando complete el proceso, ya tendrá su ancla, lo notará. No necesitará revivir toda la escena. Verá cómo el anclaje, es decir, la expresión y el gesto asociados, harán que las emociones positivas le invadan al instante, desplazando las manifestaciones fisiológicas y subjetivas del miedo y cerrando el paso a cualquier comportamiento no deseado (paralizarse, huir o defenderse inapropiadamente)

    7. Si quiere acentuar el efecto, añada la música y el perfume. No habrá ansiedad o pensamiento negativo que se le acerque.

    8. El día definitivo, comience con el anclaje en el preciso instante en que vaya a salir de casa hacia el lugar del discurso o la presentación. Disfrute del éxito.

    II.2. La VISUALIZACIÓN.

    Esta técnica tiene como finalidad neutralizar cualquier tentación de construir una visión de nuestro discurso análoga a la visión de Steve, el protagonista de una llamativa historia que  cuenta Joel Osteen en su libro Your Best Life Now, que pone de manifieso el tremendo poder de la imaginación y de la propia actitud ante la vida:

    camion

    Steve era un empleado de una empresa de reparación de camiones de refrigeración que se caracterizaba por su visión negativa y pesimista de la vida. En una ocasión en que todo el personal de la empresa salió una hora antes para celebrar un cumpleaños, él se quedó en el trabajo a terminar una reparación que tenía entre manos.

    Cuando limpiaba por dentro la caja del camión refrigerador, la puerta se cerró accidentalmente y quedó atrapado. Steve gritó y golpeó la puerta con fuerza hasta hacerse daño en los puños, pero fue en vano, nadie pudo oírle. Al rayar las diez de la noche el frío era ya insoportable y Steve calculó que la temperatura estaba ya muy por debajo de los 0 grados. Desesperado, sacó del bolsillo un pedazo de papel y un boli y escribió: “Llevo aquí cuatro horas y ya no puedo más. Me estoy congelando. Si no logro salir, éstas serán mis últimas palabras”.

    A la mañana siguiente, los compañeros de Steve lo encontraron muerto dentro del camión. La autopsia, efectivamente, reveló que había muerto por congelación. Sin embargo, lo más interesante es que el refrigerador del camión no funcionaba, llevaba varias semanas esperando a ser reparado y, por otra parte, la noche en que murió Steve la temperatura no bajó de los 10 grados. Steve murió presa de su visión negativa y derrotista.

    El poder de la mente va mucho más allá de lo que solemos imaginar. Puede incluso matarle como a Steve, pero si lo dispone a su favor nada impedirá que comience a  construir desde ya su camino hacia el éxito como orador.

    En esto consiste la técnica de la visualización. Puede ponerla en práctica siguiendo estos sencillos pasos:

    1. Visualícese haciendo aquello que va a ser su objetivo: hablar en público.

    2. Imagínese, hasta el último detalle, haciéndolo con la soltura y calidad que desea. Diapositiva a diapositiva. Palabra a palabra. Muy de cerca. En primeros planos.

    visualizacion

    4. Cierre los ojos y piense que está en un cine. Prepárese a disfrutar viéndose triunfar.

    5. Ha llegado el momento: obsérvase como protagonista. Observa su escenario, su público, se contempla entrando en la sala  con calma y seguridad. Saluda, comienza a hablar, con las palabras preparadas, todo según lo previsto.  Conforme avanza la presentación, experimenta cómo se hace con el público, con entusiasmo, con simpatía, demostrando competencia. El auditorio le escucha con atención: unos sonríen, otros asienten, todos siguen su argumentación y, en resumidas cuentas, todos se muestran interesados en lo que dice. Llega al final según lo previsto y cierra su exposición triunfante. Le ha salido redondo y el público lo demuestra con un sentido aplauso. Es la ronda de preguntas. Las intervenciones se suceden una tras otra y usted responde con precisión, satisfactoriamente. Se lo sabe y se nota. Pero lo mejor es que lo hace con simpatía, con humildad, con mucha naturalidad. Acaba la ronda y llega el momento, ahora sí de concluir. Da las gracias, le responden con una nueva tanda de aplausos y recibe las felicitaciones de todo el mundo. Saluda y se despide mirando a todos con atención y sale de la sala con naturalidad, sin prisa, sonriendo.

    6. El día D: Cuando esté realmente delante del público ya no será la primera vez, sabrá qué hacer para triunfar, y le será mucho más fácil que durante los ensayos. Es el poder de la visualización.

    II.3. CONSERVAR EL FOCO.

    Para concluir el hilo con esta tercera técnica, volvemos con Don Quijote. Escribió Unamuno en Vida de Don Quijote y Sancho un párrafo que nos viene aquí como anillo al dedo:

    “Don Quijote discurría con la voluntad, y al decir “¡yo sé quien soy!”, no dijo sino “¡yo sé quién quiero ser!” Y es el quicio de la vida humana toda: saber el hombre lo que quiere ser. Te debe importar poco lo que eres; lo cardinal para ti es lo que quieras ser“.

    La clave en esta tercera técnica es discurrir con la voluntad para que el foco de nuestra atención no pierda la meta, lo que queremos ser: hablar en público.

    Ya sabemos que cuando nos enfrentamos al reto de hablar en público el miedo se manifiesta de diversos modos, siguiendo un proceso, momento a momento. Con esta tercera técnica, que en realidad es transversal, pues describe lo que tenemos que hacer con el miedo en todo caso (también en el anclaje y en la visualización), aprendemos a aguardar su aparición para vencerlo, aún cuando haya conseguido escapar a todas nuestras precauciones.

    foco

    El miedo actúa sobre nosotros secuestrando nuestra atención. Debemos tener muy presente que el miedo ejerce su efecto negativo, impidiendo o estropeando nuestro discurso, secuestrando nuestra atención. Si prestamos atención al sudor, a la tensión de los brazos o piernas, a la sequedad de boca, a los pensamientos negativos (“no voy a conseguirlo”…), etc., perdemos de vista nuestro objetivo y nuestra meta, y el el foco de nuestra atención se extravía en lo síntomas del miedo impidiéndonos cumplir el guión de trabajo que nos habíamos trazado con tanto esfuerzo. De lo que se trata precisamente es de conservar el foco de la atención centrado en nuestra meta: hablar en público, y no permitir que las manifestaciones fisiológicas o subjetivas del miedo nos distraigan o invadan el espacio de nuestra atención.

    Para conseguirlo hay que llevar a cabo un entrenamiento en el que:

    1. Recorramos el proceso natural del miedo, momento a momento, analizando las manifestaciones fisiológicas, subjetivas y conductuales que tienen lugar en nosotros sin que podamos controlar su aparición.
    2. Nos acostumbremos y, por tanto, aprendamos, a desplazar el foco de atención, cuando aparezcan, desde estas manifestaciones en la dirección de nuestra meta: hablar en público. Es decir:
      1. En lugar de prestar atención a la sensaciones de frío o tensión o a la presión en el estómago, poner el foco en nuestro objetivo: hablar en público.
      2. En lugar atender a pensamientos negativos como “no voy acordarme de nada”,etc., poner el foco en nuestro objetivo: hablar en público.
      3. Y si a pesar de todo, nos vemos paralizados, con ganas de salir corriendo, o reaccionando con torpeza, hagamos una pausa, activemos el anclaje y,  discurriendo con la voluntad, pongamos con decisión el foco en nuestro objetivo: hablar en público.

    * * *

    Hasta aquí ha llegado este hilo sobre cómo vencer el miedo a hablar en público. Si me ha acompañado hasta el final, muchas gracias. Espero de corazón que estos párrafos le sirvan en su camino de preparación para convertirse en un gran orador.

    Si quiere hacer cualquier comentario o dirigirme cualquier duda o consulta, le invito a que lo haga desde este formulario, le responderé con mucho gusto.

    Le dejo, una vez más con unos sabios consejos de Dale Carnegie. Si quiere de veras convertirse en orador, estas son las tres condiciones indispensables:

    1. Tener algo cabal que decir, para lo cual hay que prepararse bien.
    2. Desear vivamente decirlo y desear también hablar en público. El deseo que empuja hacia adelante es el mejor remedio frente a miedo que nos frena.
    3. Practicar, practicar mucho, practicar sin descanso.

    RECUERDE: HABLAR BIEN EN PÚBLICO NO ES UNA HABILIDAD IMPOSIBLE, ESTÁ AL ALCANCE DE TODO EL MUNDO. REQUIERE SIMPLEMENTE CONOCER UNAS CUANTAS TÉCNICAS MUY SENCILLAS, TIEMPO Y DEDICACIÓN.

  • ¿Usted también tiene miedo a hablar en público? (II)

    II

    ¿Qué peligros concretos hay detrás del miedo hablar en público?

    PalasAteneaSi remontamos la historia literaria del miedo llegamos hasta la Iliada de Homero (Il. IV 440). Phobos, hijo de Ares, dios de la guerra y arrasador de mortales, es la personificación divina de una acción que se presenta en el campo de batalla, donde aparece en compañía de Deîmos (Terror) y Éris (Discordia, Disputa). Etimológicamente, phobos, que es el nombre de una acción, deriva del verbo phébomai (= phobéomai) que significa “huir”.

    Como personificación de la huida, Homero muestra a Phóbos bordeando el perímetro del escudo de Atenea (Il. V 739-41) , que circunscribe, entre otros, a la ya mencionada Éris (Discordia), al helador Ioké (Ataque o Persecución), y a la cabeza de Gorgona, cuya visión petrificaba a quien la mirase y que tenía por cabellos serpientes venenosas [1].

    Si damos un salto, de unos 400 años, pero sin salirnos de la antigüedad griega, hasta Aristóteles, encontramos la definición de miedo precisamente en la Retórica : “Sea pues el miedo (phóbos) una aflicción o barullo de la imaginación (phantasía) cuando está a punto de sobrevenir un mal destructivo o aflictivo”. [2]

    Y dando otro salto gran salto, ahora de casi 2400 años, hasta nuestros días, terminamos ratonmiedoesta introducción recordando la siguiente reflexión de Paul Eckman sobre el miedo [3]:

    “Sobre el miedo se han llevado a cabo más estudios que sobre cualquier otra emoción, probablemente porque es fácil provocarlo en casi todo animal, incluyendo los ratones (una especie favorita de los investigadores porque son baratos y de fácil manutención). La amenaza de daño, sea físico o mental, caracteriza todos los disparadores del miedo, su tema y sus variantes. El tema es el peligro de sufrir un daño físico, y las variantes pueden ser cualquier cosa que sepamos que puede dañarnos de cualquier forma, ya sean amenazas físicas o psíquicas.”

    * * *

    Después de estas notas iniciales, vamos ya directamente con el tema de la entrada: ¿qué peligros paralizan al que habla en público, qué ataques y discordias le empujan a huir para evitar el daño?, ¿cuáles son los disparadores del miedo a hablar en público?, ¿qué daños, físicos o psíquicos, tememos sufrir al hablar en público? En suma: ¿Qué peligros concretos hay detrás del miedo a hablar en público?

    Sin ánimo de ser exhaustivos, ya que el miedo, como suele decirse, es libre, y cada uno desde su idiosincrasia personal puede sentirse amenazado por infinidad de cosas, hay cinco grandes ámbitos desde los que phobos acecha al orador:

    1. El tema.
    2. La habilidad para comunicar.
    3. La imagen personal.
    4. El público.
    5. El miedo mismo.

     

    * * *

    1. El tema.

    El principal peligro que afronta quien se pone delante de un público para decir algo es justamente el de que llegado el momento no diga nada, bien porque no recuerde nada, bien porque finalmente no sepa mucho del tema. Lo importante aquí es no pasar por alto que las señales books-768426_1920que nos manda nuestro cerebro (agitación, tensión muscular, etc.) cuando nos imaginamos sucumbiendo bajo las garras del olvido o la ignorancia, son para que comencemos cuanto antes a prepararnos a fondo para que eso no suceda. Si el tema es algo que nos apasiona y nos gusta, mejor que mejor, pero en cualquier caso, a la hora de hablar, conviene recordar que hay que saber, al menos, diez veces más de lo que se va a decir. Es lo que Carnegie llamaba “Poder dejado en la reserva”: “Reunamos cien pensamientos y descartemos noventa”. [4]

    2. La habilidad para comunicar.

    Es muy habitual temer, en segundo lugar, la propia falta capacidad para comunicar eficazmente. Tememos que nuestra incapacidad comunicativa (verbal o no verbal)  impida que el mensaje llegue al auditorio, sobre todo cuando no tenemos experiencia. Para consuelo del principiante, en este punto cabe recordar el aforismo antiguo, atribuido a Aristóteles, Quintiliano, Cicerón e incluso Platón, y que fue tan celebrado en el Siglo de Oro español, según el cual “el poeta nace y el orador se hace” [5]. demostenesCiertamente, como dice Quintiliano en sus Instituciones, la Oratoria no es una ciencia exacta y la experiencia termina siendo nuestra mejor consejera, pero no es menos verdad que el arte de comunicar con la palabra es una técnica que, estudiada y practicada con dedicación, produce frutos seguros. Recordemos al gran Demóstenes, que superó su tartamudez repitiendo de memoria los discursos frente al mar con un guijarro dentro de la boca.

    3. La imagen personal.

    LNVBaroLos recelos acerca de la propia imagen personal y la baja autoestima suelen ser, en tercer lugar, los fantasmas que disuaden al principiante de la aventura de hablar en público. Desde Quintiliano hasta los expertos modernos en comunicación personal como Teresa Baró, el consejo respecto a la imagen personal tiene dos reglas muy sencillas: decoro y discreción. Y no debemos olvidar tampoco que el cuidado de la propia imagen y atuendo es signo de respeto y atención hacia nuestro auditorio y  que, salvo excepciones marcadas por el prejuicio o los complejos, es siempre percibido y recibido con agrado [7].

    4. El público.

    El miedo que tiene su origen en el público puede provenir tanto de un recuerdo ancestral de la mirada del depredador almacenado en nuestro sistema nervioso, como de la vergüenza aristotélica [2] ante la posibilidad de que se ponga de manifiesto algún defecto o falta que haga mella en nuestra reputación .audience-1677028_1920

    Sea como fuere, el aviso de nuestro tejido emocional debe servirnos aquí para prepararnos con una actitud adecuada, presidida por la naturalidad y la benevolencia hacia el público. Hay que tener en cuenta que, hasta en los casos de mayor hostilidad, el que nos escucha nos da con su silencio y atención muestras de hospitalidad. Por otra parte, el orador debe hacer todo lo que esté en su mano para ofrecer una información rigurosa, veraz y, sobre todo, que responda a los intereses de los que escuchan. Si lo que decimos tiene en cuenta lo que le interesa al auditorio y si nuestra actitud hacia el mismo está presidida por la naturalidad y la benevolencia, tenemos un 80% de probabilidad de alcanzar el éxito.

    5. El miedo mismo.

    Ciertamente, es más que probable que el miedo, con todo sucatálogo de síntomas y signos fisiológicos, siga acechándonos aún después de seguir los consejos que hemos ido desgranando aquí, e incluso después de entrenarnos con las técnicas adecuadas, algunas de las cuales veremos en la entrada siguiente. Cuando esto sucede, lo que toca es romper el último baluarte de nuestro enemigo con un movimiento decidido y eficaz hacia la meta: transmitir al público de palabra nuestro mensaje. Si no somos valientes, debemos comportarnos en todo caso como si lo fuésemos. Hay que preguntarse, por tanto, lisa y llanamente esto: ¿Qué tendría que hacer si fuese valiente? Y entonces hacerlo.

    Así es como cuenta D. Carnegie que Roosevelt venció su miedo a hablar en público, del mismo modo que superó el miedo a los osos, a los caballos salvajes y a los bandoleros. La costumbre de comportamos como valientes, termina por hacernos valientes. La virtud del valor, como todas las demás virtudes se adquiere con la costumbre. Aristóteles, una vez más, esta vez en la Ética a Nicómaco.

    Vencer al miedo pasa por invertir la secuencia natural de la emoción. Normalmente, la reacción fisiológica y la vivencia subjetiva preceden a la acción (la aceleración del pulso precede a la huida). De lo que se trata es de que, a fuerza de repetir las acciones (a fuerza de enfrentarnos en lugar de huir), la vivencia subjetiva del miedo sea definitivamente sustituida por la de la seguridad que da el valor y que su reacción fisiológica resulte mitigada. A fuerza de repetir conscientemente la acción, podemos conseguir moldear la emoción.

    Para reforzar lo visto y concluir esta segunda entrada sobre el miedo a hablar en público, nada mejor que recordar la fábula de Esopo en la que la zorra supera el miedo al león:

    Una zorra que nunca había visto un león, la primera vez que lo vio sintió tanto miedo que casi se muere. La segunda vez que lo encontró, sintió miedo, pero no tanto. Entonces, durante un tiempo se dedicó a observarlo a distancia para saber en qué circunstancias y hasta qué punto era peligroso. De este modo, la tercera vez que se lo topó, se armó de valor y guardando una distancia prudente se atrevió incluso a entablar una conversación con él.

    De esta fábula extraemos tres enseñanzas muy útiles en Oratoria:

    1. La primera, que el hábito mitiga hasta los miedos más terribles.
    2. La segunda, que antes de afrontar un riesgo hay que analizarlo bien y prepararse convenientemente.
    3. La tercera, que aunque uno se encuentre preparado y haya superado el miedo, nunca hay que perder de vista el peligro y se debe prevenir con prudencia la manera de salvar las consecuencias (paralizarnos, huir o cometer alguna torpeza) si se presenta de súbito. Esto es lo que hizo la zorra en el tercer encuentro, en el que no dejó de mantener una “distancia prudente”. El peligro que siempre puede asaltar hasta al mejor orador es que se quede en blanco o que cometa un error muy llamativo. La “distancia prudente” en estos casos equivale a tener preparado lo que se va a hacer y decir si surge la necesidad de improvisar por alguna estas causas, o sea, por habernos quedado en blanco o después de haber cometido alguna torpeza.  En resumidas cuentas, la improvisación también se prepara.

    * * *

    Nos despedimos aquí, querido lector, con Esopo y con el consejo de que, SIEMPRE QUE SE LE PRESENTE, NO PIERDA LA OCASIÓN DE TOMAR LA PALABRA EN PÚBLICO. De este modo, gracias a la fuerza del hábito, conseguirá vencer a Phobos en caso de que le asalte. La próxima semana volveremos con la tercera y última parte del hilo, en la que presentaremos algunas técnicas muy útiles para poner coto al miedo que acecha detrás de cada palabra y silencio en la vida de todo orador.

    REFERENCIAS

    [1] DOMINGUEZ, V., Psicothema. Vol. 15, no 4, pp. 662-666 (2003).

    [2] ARISTÓTELES, Retórica, L. II.

    [3] EKMAN, P.: El rostro de las emociones. RBA. (2013)

    [4] CARNEGIE, D.: Cómo hablar bien en público. Edhasa. (2013).

    [5] PORQUERAS, A.: Estudios sobre Cervantes y la Edad de Oro. Centro de Estudios Cervantinos (2003).

    [6] QUINTILIANO: Instituciones Oratorias.

    [6] BARÓ, T..:  La gran guía del lenguaje no verbal. Paidos. (2012)

  • ¿Usted también tiene miedo a hablar en público? (I)

    ¿Usted también tiene miedo a hablar en público? (I)

    I

    “El miedo que tienes —dijo don Quijote— te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas, porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son”  (I, Cap. XVIII).

    Youtubequijote
    Pinche en la imagen para ver el vídeo.

    Si usted también tiene miedo a hablar en público, no se preocupe. No sólo es completamente normal, es incluso bueno. Desde muchos puntos de vista, el miedo, como veremos enseguida, es una herramienta clave que viene de serie en nuestra naturaleza para  facilitarnos la supervivencia. Nos ayuda a evitar los peligros y a defendernos de ellos.

    El problema reside en que, por falta de una formación adecuada, el miedo también suele convertirse en ese enemigo que describe Don Quijote, que “nubla los sentidos y hace que las cosas parezcan lo que no son”, y esto pasa con singular frecuencia, precisamente, cuando de lo que se trata es de hablar en público.miedo_escondido.jpg

    La inmensa mayoría de los que se acercan por primera vez al mundo de la Oratoria confiesan que este miedo es el principal obstáculo que encuentran. Por eso vamos a dedicar este hilo del blog a repasar algunas ideas básicas y muy sencillas que le ayudarán a vencer a este enemigo. Hoy presentamos la primera entrada de una serie de tres, en las que responderemos sucesivamente a las siguientes preguntas:

    1. ¿Qué es el miedo?
    2. ¿Qué peligros concretos hay detrás del miedo hablar en público?
    3. ¿Cómo superar el miedo a hablar en público?

    * * *

    1. ¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción.

    arteguerra.pngSeguimos al pie de la letra el consejo de Sun Tzu en El arte de la guerra: “Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo” [1], y en este caso además con ahorro de recursos, ya que conocer el miedo y conocerse uno mismo son dos tareas que, en muchos aspectos, son una y la misma.

    Para hacerlo, comenzamos con la definición de emoción que da Paul Ekman en El rostro de las emociones:

    La emoción es un proceso, un tipo particular de valoración automática influida por nuestro pasado evolutivo y personal, en el que sentimos que está ocurriendo algo importante para nuestro bienestar, con lo que un conjunto de cambios fisiológicos y comportamientos emocionales comienza a encargarse de la situación.” [2]

    rostroemociones

    Partiendo su definición, podemos subrayar lo siguientes rasgos de la emoción que iluminan para nosotros la naturaleza del miedo:

    • La emoción es automática, instintiva. Los clásicos, con Aristóteles [3] a la cabeza, definían este fenómeno como pasión: algo que nos sucede, respecto de lo cual somos sujeto paciente, de modo que cuando tomamos conciencia de su presencia ya está actuando sobre nosotros.
    • La emoción se manifiesta en tres dimensiones: fisiológica, subjetiva (sentimientos y pensamientos) y conductual o expresiva [4].
    • La emoción aparece como un proceso (“un conjunto de cambios…comienza”), es decir, tiene lugar por fases (estímulo, respuesta fisiológica, vivencia subjetiva, expresión y comportamiento).
    • La emoción tiene una funcionalidad, “se encarga de la situación”, que según Reeve, es además triple: función de adaptación al medio, función social y función motivaciones [5].

    Si aplicamos este patrón a nuestro objeto, estamos en condiciones de establecer que el miedo es una respuesta adaptativa, gracias a la cual podemos salvar los peligros, que desencadena automáticamente mecanismos de alerta, defensa o huida. La naturaleza, en efecto, es más inteligente que nosotros y no permite que, ante un peligro, nos entretengamos en deliberaciones.

    Así, cuando nos asalta un peligro, porque oímos un ruido brusco sobre nosotros, o porque nos enfrentamos a una posible agresión, por ejemplo, se produce automáticamente (1) una respuesta fisiológica de alerta (manos frías, aceleración de la respiración, sudor, tensión en la musculatura de brazos y piernas); acompañada de (2) una experiencia subjetiva más o menos explícita (pensamos: “algo va a caerme encima”, “me va a atacar de un momento a otro”,”); y finalmente, (3) se desencadena un comportamiento específico (nos quedamos paralizados, huimos a toda prisa, o nos agachamos cubriendo la cabeza con las manos para defenderla de lo que sea que pueda caernos encima, o bien,  en el caso de la agresión, buscamos un objeto contundente con el que repeler el ataque).

    El miedo, por consiguiente, no es necesariamente malo, es una dimensión esencial de nuestro modo de ser naturalcon una triple finalidad muy concreta, gracias a la cual:

    1. Adaptarmos al medio con vistas a nuestra supervivencia.
    2. Adaptarmos socialmente.
    3. Ser fuente de motivación (energía) para emprender acciones de respuesta. [5]

    A continuación, vamos a repasar (1) los elementos de la expresión facial del miedo y  (2) las sensaciones que forman parte de nuestra reacción fisiológica automática, lo cual nos permitirá, además, finalizar esta entrada proponiendo un ejercicio.Rostro_miedo_mujer_rec

    (1) Elementos de la expresión facial del miedo:

    • Elevación de los párpados superiores.
    • Tensión de los párpados inferiores.
    • Apertura de boca
    • Caída de mandíbula.
    • Estiramiento de labios hacia las orejas.

    (2) Sensaciones y reacciones fisiológicas asociadas al miedo:

    • Rostro y manos frías.
    • Presión en el estómago.
    • Respiración rápida y profunda.
    • Sudoración.
    • Temblor o tensión de piernas y brazos.
    • Retroceso de rostro o cuerpo.

    * * *

    Hemos respondido a la primera pregunta (¿Qué es el miedo?) explicando, en primer lugar, qué es una emoción y, en segúndo lugar, cómo se manifiesta esta emoción concreta que es el miedo.

    Ahora, para llevar a término este primer paso en su victoria sobre el miedo, le recomendamos un EJERCICIO muy sencillo que propone el experto en emociones y en lenguaje no verbal Paul Eckman, y que usted puede hacer en su casa:

    Póngase delante del espejo, trate de reproducir la expresión facial del miedo y observe si su cuerpo replica algunas de las sensaciones y reacciones identificables que hemos enumerado.

     * * *

    EN LA PRÓXIMA ENTRADA DEL HILO abordaremos la segunda pregunta: ¿Qué peligros concretos hay detrás del miedo hablar en público?

    Como adelanto, vamos a repasar una primera descripción del miedo a hablar en público, teniendo en cuenta lo que hemos aprendido hoy.

    Cuando nos vemos frente a un público de doscientas personas para pronunciar una conferencia, el miedo nos puede asaltar de acuerdo con un patrón como el que sigue:

    1. Respuesta fisiológica: manos frías, sequedad de boca, aceleración de la respiración, sudoración, tensión en la musculatura de brazos y piernas.
    2. Experiencia subjetiva más o menos explícita: “no me podré acordar de todo”, “es un público muy exigente y hostil”, ”no he venido con el atuendo apropiado para el acto”).
    3. Comportamiento específico: se paraliza, se queda en blanco, huye como Michael Bay, o bien, como se ha hecho un silencio sepulcral, el público no pestañea y además le mira con frialdad, cuenta un chiste inapropiado que desencadena una reacción de rechazo en el auditorio.

      MICHAEL BAY
      Pulse sobre el enlace para ver el vídeo

    Si algo de esto le sucede (paralización, huída, defensa inapropiada), el miedo habrá frustrado su propósito y habrá arruinando todo el esfuerzo invertido en la preparación.

    Pero no se alarme, se puede evitar sucumbir a la misma distorsión de la realidad que en Don Quijote producía la locura, y le hacía ver enemigos terribles donde sólo había ovejas. En las próximas entradas, profundizaremos aún más en el conocimiento de este enemigo que es el miedo a hablar en público, y explicaremos una serie técnicas y trucos, sencillos y eficaces, que pronto harán que experimente lo que cuenta D. Carnegie [6] que le sucedía a Abraham Lincoln:gettysburg

    “Al principio era muy torpe y parecía costarle mucho trabajo hacerse a su auditorio… Cuando comenzaba sus discursos, la voz se le tornaba chillona, aguda y desagradable. Sus gestos, su porte, su rostro moreno, pálido, arrugado y enjuto, su postura estrafalaria, sus movimientos poco seguros…, todo parecía estar en su contra, pero sólo por muy breve tiempo. Enseguida adquiría serenidad, entusiasmo, celo y entonces comenzaba su verdadero discurso.”

    Lincoln superó todos los obstáculos y se convirtió en el autor de uno de los discursos políticos más renombrados de la historia contemporánea, el discurso de Dedicatoria del Cementerio Nacional de los Soldados en la ciudad de Gettysburg.

    No le quepa duda de que USTED TAMBIÉN TIENE AL ALCANCE LA MANO CONVERTIRSE EN UN GRAN ORADOR como él.

    REFERENCIAS

    [1] Sun Tzu, El arte de la guerra, Martinez Roca (1999).

    [2] EKMAN, P.: El rostro de las emociones. RBA. (2013).

    [3] ARISTOTELES: Ética a Nicómaco, 1105 b 21-23

    [4] LANG, P. J.: Fear reduction and fear behavior: Problems in treating a construct. En J. U. H. Shilen (Ed.), Research in psychotherapy, (Vol. 3, pp. 90-102). Washington: American Psychological Association (1968).

    [5] REEVE, J.: Motivación y Emoción. Madrid: McGraw-Hill (1994).

    [6] CARNEGIE, D.: Cómo hablar bien en público. Edhasa (2013).